Parasha Vaietse 5786

Tora: Bereshit, génesis, 28:10-32:3
Haftara: Hosheah, Oseas, 12:3-14:10
Masei HaShelajim, Iojanan, Juan, 1:43-51

Los sucesos de Iahacob van enseñarnos como el alma va mostrando sus fortalezas. Al salir de la tierra prometida a su padre Itzjak, en la búsqueda de una mujer, sin dinero ni gente que lo ayudara, queda solo en la montaña donde tendrá un sueño que contiene una escalera y ángeles que suben y bajan. Comprende que ese lugar es un portal al Cielo.

Ni bien llega a la zona de la familia de Labán, se encuentra con Rahel hija de Labán. Este sale a recibirlo con premura, imagino que tenía la riqueza de Abraham pero se encuentra con un hombre pobre y solo. Iahacob debe trabajar para vivir y lo hace por siete años para unirse con Rahel…. Laban se la cambia por Lea y lo obliga a trabajar otros siete años. Al finalizar, son veinte años que trabaja para el malvado Laban, hasta que vuelve Iahacob a su tierra, con sus esposas e hijos. El engaño que vivió Iahacob por Rahel es como el engaño que él dio a su hermano Hesav por la primogenitura. Las fortalezas de Iahacob lo hicieron sobreponerse a cada experiencia y nunca olvidó ni su tierra ni su Di s. Desde la soledad trabajó hasta sentirse fuerte y volver al encuentro con Hesav.

Yeshua HaMashiaj cuando se encuentra con Natanael, le enseña que si sigue sentado bajo  la higuera ( vivir la Tora y ver sus frutos), alcanzará la escalera que vio Iahacob y los ángeles subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre, el Mesías.

Así como Iahacob debió trabajar con su alma para lograr ser el padre de los doce tribus de Israel, así toda alma tiene un esfuerzo por delante para desarrollar su potencial y cumplir su misión en esta dimensión física

Con inmenso amor
Iosef Shemi
Rabino