Parasha Koraj 5785

Tora: Bamidbar, números, 16:1-18:32
Haftara: Shmuel alef, 1 de Samuel, 11:14-12:22
Masei HaShelajim, Romanos 13:1-7

Luego de la derrota en Horma y que fueron sentenciados a estar en el desierto cuarenta años, Koraj inicio una rebelión, no lo hizo solo, sino que buscó apoyo en sus vecinos: Datan, Avirán y On. Luego logró que doscientos cincuenta líderes de las tribus se le sumen. Los argumentos de Koraj parecen razonables: Moshe no los llevo a la Tierra Pometida, y Aharon no tiene por que  ser el Sumo Sacerdote. Así, no aceptó la designación de HaShem.

Koraj buscaba liderazgo y la conducción, corriendo de ellos a Moshe, Aharon y los levtas. Terminó descendiendo al Sheol con vida, lugar donde HaShem inquiere a las almas y decide sobre sus actos. Dice el Talmud: quien no valora lo que tiene terminando perdiendo aquello que tiene, ya que busca lo del otro.

Los hijos de Koraj no murieron, ya que de ellos descenderá Shmuel, Samuel. Lo que indica que el castigo Divino se aplica a quien genera Majloket, división  la cual lleva a la muerte del alma.

Aharon recibirá una presentación pública al depositar su vara en el Kodesh HaKodashim y verla florecida al otro día, lo cual no sucedió con las otras varas colocadas. Han florecido en ella hojas de almendra, en hebreo shaked que invertido es kodesh, indicando que Aharon y los levitas están consagrados al servicio en el Mishkan, tabernáculo.

Yeshua HaMashiaj nos enseña que una vez que la Palabra es enseñada, crece el trigo y la cizaña. Del trigo surge mas buena semilla, de la cizaña surgen las almas que lloran por la oscuridad que tienen.

El trigo multiplica a los justos, los que viven la Palabra, la cual es La Tora, cuyas almas brillan como el sol en el Reino de Di s. Se enseña que el sol es tiferet, la belleza, que desde el corazón, ilumina a keter, jojma y binah, generando sabiduría y conocimiento del Reino de Di s en el alma.

Tiferet, la belleza, la Luz del Mesías, que es Yeshua,  irradia en toda alma la oportunidad de elevarse al nivel de la vida interior!

Con inmenso amor
Iosef Shemi
Rabino